Sé que lo nuestro ya terminó. Perdón si llego a molestar, pero no puedo acostumbrarme. Sé que ya no soy parte de ti,

y aunque me duela tengo que empezar a olvidarte. Sé que es hora de pensar en mi, el tiempo todo curará

y otro amor vendrá a buscarme. Me muero en el intento, pero ya vez, no puedo mi amor dejar de amarte.

30.1.10

"En mi doble profesión de educadora y trabajadora de la salud, he tenido contacto con muchos niños infectados por el virus del sida. Las relaciones que mantuve con esos niños especiales han sido grandes dones en mi vida. Ellos me enseñaron muchas cosas, y descubrí, en particular, el gran coraje que se puede encontrar en el más pequeño de los envoltorios. Permíteme que te hable de Tyler. Tyler nació infectado con el hiv; su madre también lo tenía. Desde el comienzo mismo de su vida, el niño dependió de los medicamentos para sobrevivir. Cuando tenía cinco años le insertaron quirúrgicamente un tubo en una vena del pecho. Ese tubo estaba conectado a una bomba, que el llevaba en la espalda, en una pequeña mochila. Por allí se le suministraba una medicación constante que iba al torrente sanguíneo. A veces también necesitaba un suplemento de oxígeno para complementarla respiración. Tyler no estaba dispuesto a renunciar a un solo momento de su infancia por esa mortífera enfermedad. No era raro encontrarlo jugando y corriendo por su patio, con su mochila cargada de medicamentos y arrastrando un carrito con el tubo de oxígeno. Todos los que lo conocíamos nos maravillábamos de su puro gozo de estar vivo y la energía que eso le brindaba. La madre solía bromear con él dicíendole que, por lo rápido que era, tendría que vestirlo de rojo para poder verlo desde la ventana, cuando jugaba en el patio. Con el tiempo, esa temible enfermedad acaba por desgastar hasta a pequeños dínamos como Tyler. Su enfermedad se agravó. Por desgracia, sucedió lo mismo con su madre, también infectada con el HIV. Cuando se tornó evidente que Tyler no iba a sobrevivir, la mamá le habló de la muerte. Lo consoló diciéndole que ella también iba a morir y que pronto estarían juntos en el cielo. Pocos días antes del deceso, Tyler hizo que me acercara a su cama del hospital, para susurrarme: Es posible que muera pronto. No tengo miedo. Cuando muera, vístame de rojo, por favol. Mamá me prometió venir también al cielo y cuando ella llegue yo estaré jugando y quiero asegurarme de que pueda encontrarme."

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