Supongo que pensaste que sería fácil olvidarme. Dejarme sin mirar atrás. Marcharte sin decir nada, esfumarte... al fin y al cabo, ¿qué mal podría traer eso?
¿Sabeé en lo que no te paraste a pensar? Que yo me preguntaría por qué. No te imaginabas que yo averiguaría por qué huiste. Pero así lo hice. Y ahora tú no te podrás olvidar de mí, y ¿sabés por qué? Porque yo no me puedo olvidar de ti.
Y aunque suenen patéticas mis cartas y mis textos, te suplico que vuelvas. Que no hay necesidad de huir, de escapar. Y mientras me quede aliento, o tinta en este caso, no dejaré de recordártelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario