Sé que lo nuestro ya terminó. Perdón si llego a molestar, pero no puedo acostumbrarme. Sé que ya no soy parte de ti,
y aunque me duela tengo que empezar a olvidarte. Sé que es hora de pensar en mi, el tiempo todo curará
y otro amor vendrá a buscarme. Me muero en el intento, pero ya vez, no puedo mi amor dejar de amarte.
y aunque me duela tengo que empezar a olvidarte. Sé que es hora de pensar en mi, el tiempo todo curará
y otro amor vendrá a buscarme. Me muero en el intento, pero ya vez, no puedo mi amor dejar de amarte.
16.8.09
Un padre es mucho más importante de lo que uno piensa, porque las palabras de un padre, su mirada, viven en nosotros. Es como que los padres te dan una caja de herramientas, si vos tenés un problema metes mano en esa caja y sacas la herramienta que necesitas para arreglarlo. Pero cuando el padre faltó o falló tenés un problema, metes la mano en la caja y no hay nada, estás perdido. Sin esas herramientas es como que estás desnudo, sin armas para enfrentar la vida.
Porque un padre nos da eso, nos da armas para pararnos, para pelear por un lugar. Y cuando dejas de pelearla te morís, te caes, te vas. Lo que te mantiene vivo no es ganar sino pelear. La pelea perdida es la que no se peleó. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. No está muerto quien pelea. Tal vez te cruzaron un cross de derecha, te hicieron besar la lona, sangrar, llorar, pero hay que seguir peleándola hasta el final. La única forma de aprender a pelear es peleando, es no rendirse jamás. Rendirse es mirar la pelea desde afuera, ver como otro pelea esa pelea que es nuestra. Pelearla hasta el final, hasta el último round. Pocas cosas me enseño mi viejo, pero grosas. Me enseñó que el ring nunca se abandona, nunca se tira la toalla, y se pelea con garra hasta el último round.
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